domingo, 13 de noviembre de 2011

Las Cataratas, MARAVILLA y Hechizo de luna llena ...

Hechizo de luna llena en las Cataratas del Iguazú

Cada vez que observo las Cataratas del Iguazú descubro un espectáculo diferente”, decía, hace algunas semanas, el suizo Bertrand Weber, presidente de la fundación que se propuso elegir a las nuevas siete Maravillas Naturales del Mundo.

Las Cataratas del Iguazú están en el selecto grupo de finalistas del certamen (ver Atención), y por eso Weber viajó hasta Misiones, para anunciar formalmente la noticia. “Las he visto con más agua, con menos, con sol, bajo la lluvia, durante el día y por la noche, y cada vez tengo una sensación única”.

Es probable que esta característica cambiante, caleidoscópica, siempre sorprendente de las Cataratas sea uno de sus grandes activos a la hora de competir con los mayores tesoros naturales del planeta.

Y entre todas estas “visiones” es necesario destacar, también, la que se tiene durante las noches de luna llena, un espectáculo infrecuente y cargado de romanticismo que convoca a viajeros de todo el mundo, quienes muchas veces suelen organizar el itinerario de su visita a las Caratas para que coincida con esas fechas.

Y es que cualquier complicación organizativa parecerá poca cosa cuando uno se encuentre delante de la Garganta del Diablo, extasiado con la visión fantasmal de un mar de agua dulce, poderoso y ensordecedor, estallando en medio de la oscuridad.

Y la noche se hizo día

Cada mes hay cinco salidas bajo la luz de la luna, en las que tienen lugar paseos nocturnos que transitan por parte del Parque Nacional Iguazú hasta llegar a la mítica Garganta del Diablo.

Organizados por Iguazú Argentina, los recorridos parten desde la entrada del parque y comienzan con una travesía en el Tren Ecológico de la Selva.

Diseñado en Inglaterra, este ferrocarril turístico, de vagones abiertos, atraviesa diferentes áreas del parque nacional, en un parsimonioso paseo de 3,6 km que por momentos transcurre pegado a las aguas de uno de los brazos del río Iguazú.

Durante los paseos de luna llena, los guías piden especialmente a los visitantes que guarden silencio, para que se puedan escuchar los acordes de la naturaleza.

Así, acompasados por el clac-clac del tren, los aullidos lejanos, el crujir de los árboles y los sonidos de infinitos insectos se entrelazan para conformar la partitura de la música nocturna de la selva misionera.

Tras el encantador paseo en tren, se llega a una pequeña y muy “british” estación desde la que parten las pasarelas que llevan hacia la Garganta del Diablo, punto final de la travesía.

En estos últimos tiempos, el circuito de pasarelas ha sido renovado, reemplazándose los antiguos corredores por un sistema de pasarelas rebatibles, que se pliegan cuando llegan las feroces crecidas del río, para no ser arrancadas de cuajo, como ya ha ocurrido en otras ocasiones.

Iluminados solamente por el fulgor mortecino de la luna, que va subiendo hacia lo alto del cielo, los visitantes van atravesando este magnífico circuito de pasarelas que pasa por trozos de selva cerrada, en los que la noche oculta la presencia latente de sus habitantes (monos, tapires, fantásticas aves).

A medida que se acerca a su destino, el corredor sobrevuela brazos cada vez más anchos y alborotados del gran río. El bramido de las cataratas se vuelve más intenso, más inminente, y aun en plena noche es posible divisar las imponentes columnas de agua-vapor que emergen desde la garganta.

Un brindis en plena selva

Cuando ya faltan un par de cientos de metros para el final del recorrido, es casi imposible mantener un paso tranquilo. Dan ganas de largarse a correr.

El espectáculo de la Garaganta del Diablo, el más espectacular de todos los saltos que conforman las Cataratas del Iguazú, tiene un efecto hipnótico. Es una llamada del poder, la furia y la belleza de la naturaleza, que bajo el influjo de la luna misionera alcanza niveles de emoción difíciles de describir con palabras.

Y despierta un ine-vitable orgullo “patriótico” el ver los rostros conmovidos de tantos viajeros extranjeros, llegados de los más diversos lugares del mundo para disfrutar aquí de una de las sensaciones más fascinantes que puede brindar la naturaleza.
Tras pasar un buen rato asomados a los balcones de la Garganta del Diablo, descubriendo formas y postales que sólo se dan en estos paseos nocturnos, emprendemos el camino de regreso.

El paseo de luna llena culmina con una cena en el restaurante “La Selva” y luego, casi a la medianoche, con un brindis de caipirinhas y daiquiris en el que un montón de japoneses, brasileños, españoles, franceses y argentinos chocamos nuestros vasos para celebrar el haber tenido la fortuna de vivir esta experiencia irrepetible.

El santuario misionero

Visitar las Cataratas en estos días, en los que se palpa la ansiedad por saber si serán elegidas como una de las Maravillas Naturales del Mundo, permite valorar todo lo que significan en términos ecológicos, turísticos y culturales.

Más allá de la espectacularidad de sus caídas de agua, de los adrenalínicos paseos en lancha por debajo de los saltos o de sus modernos circuitos y centros de interpretación, el mayor valor del Parque Nacional Iguazú reside en la capacidad de armonizar la presencia del hombre con la conservación de este santuario natural en el que se protegen especies que están en peligro de extinción como el yaguareté, ocelote o el huidizo macuco.

O, también, una flora autóctona con más de 2000 especies: frondosos helechos, bromelias, orquídeas, palmeras y gigantescos árboles que sirven de soporte a una gran variedad de enredaderas trepadoras, que proveen permanentemente de alimento a monos, coatíes, venados, tucanes, por nombrar sólo algunos de los muchísimos “vecinos” del Parque Nacional Iguazú.

En este sentido, durante los últimos años el parque ha perfeccionado muchísimo su relación con el entorno, reparquizando áreas que habían sido taladas en torno de las instalaciones turísticas o incorporando vehículos con tracción eléctrica, que reducen notablemente la contaminación sonora y ambiental.

Buen ejemplo de la convivencia entre ecología y turismo, el parque alberga 450 especies de aves, 80 especies de mamíferos, incontables especies de insectos y un sinfín de hilos de agua. Son números que dan cuenta de la diversidad y la riqueza de las Cataratas y su entorno. Más allá de lo oque determine cualquier concurso: una de las grandes maravillas naturales de nuestro planeta.

MAS INFO:
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-181079-2011-11-12.html

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